Tecnología, ¿Némesis o aliado estratégico de los avaluadores?

Desde abogados y médicos, hasta comerciantes y artistas, a diario evidenciamos el cambio radical que ha producido la tecnología a la forma en la cual desarrollamos y afrontamos los desafíos de nuestras profesiones. El campo de la valoración, un oficio tan antiguo que hasta aparece registrado en el antiguo testamento, no es la excepción a esta transformación. 

El avalúo no es una ciencia exacta, sino una aproximación a las condiciones de comercialidad propias de un activo. Debido a la naturaleza y el alcance de nuestra actividad como valoradores, por muchos años nuestro gremio ha sido criticado en ocasiones por clientes, quienes se quejan de la diferencia en los resultados de valoración de un valuador a otro. Como profesional en el ramo, este tipo de situaciones siempre me han incomodado. Comprendo la postura de nuestros clientes, ya que a lo largo de mi vida en ocasiones yo también he recibido diagnósticos diferentes cada vez que visitaba a un nuevo doctor. Este tipo de situaciones no solo generan confusión, sino que como receptores de la información nos pueden llevar a cuestionar la credibilidad de la información, especialmente si no comprendemos cuál es el procedimiento que va detrás de una valoración. 

Por este motivo, considero que las nuevas tecnologías del siglo XXI, acompañadas por la accesibilidad a un gran caudal de información a la que antes no teníamos acceso, y el correcto análisis de estos datos, nos empoderan como avaluadores, entregándonos las herramientas que durante mucho tiempo buscamos para tener mayores niveles de acierto en nuestras estimaciones. Si hacemos uso de herramientas tales como el multi-criterio, la minería de datos, e incluso la inteligencia artificial de forma parametrizada y eficiente, estoy convencido de que podremos llegar a resultados más confiables y acertados en cada una de nuestras valoraciones.

Existen diferentes formas de ver la incursión de nuevas tecnologías a nuestra vida laboral. Algunos temen ser reemplazados por un sistema que calcule lo que a un profesional le tomaba días calcular. Otros, consideramos que el aferrarse a la forma en la que “siempre se han hecho las cosas” puede dejarnos rezagados ante los cambios en nuestro entorno. Por el contrario, si las conocemos, las usamos y las desarrollamos para nuestro servicio como herramientas de mejor precisión en nuestras labores, lograremos estar más vigentes que nunca en el cambiante y acelerado mercado del siglo XXI. 

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